Despertar antes que el volcánPor Rafa López / IDEAL
Diciembre 2001
A quienes trabajan en la prevención de desastres naturales no les quita el sueño lograr predecir un terremoto, por la sencilla razón de que hoy por hoy es imposible. Anticiparse a un movimiento sísmico sería para estos investigadores algo así como la repanocha científica, pero todos son conscientes de que con los medios de que disponen en la actualidad esa aspiración no pasa de ser una simple quimera. Quizá un siglo de éstos… Sin embargo, sí es factible pronosticar con un grado de aproximación bastante razonable la erupción de un volcán. El gran objetivo ahora es el de predecir dicha erupción y su magnitud dos o tres días antes de que por el cráter asomen evidencias de que en las entrañas de la tierra se ha desatado la furia.
«La actividad de un terremoto nos permite vaticinar una erupción volcánica en un plazo de tiempo de unos dos meses. Eso es factible, pero lo que pretendemos es acortar mucho ese plazo y poder hacer una predicción muy poco antes de que comience la erupción», afirma Jesús Ibáñez, profesor del área de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Granada.
Por eso, ocho países europeos se han puesto manos a la obra. Su intención es la de conocer con mayor detalle los riesgos que puede presentar una erupción volcánica: su tamaño, sus peligros, sus consecuencias para la población y para el territorio. El plan de acción está coordinado precisamente por Jesús Ibáñez y en él se han implicado Italia, Reino Unido, Francia, Irlanda, Austria, Portugal y Grecia, además de España.
El conocimiento de los volcanes no es asunto baladí: las tierras que los rodean son extremadamente fértiles, por lo que tradicionalmente han atraído a grandes cantidades de población a su alrededor. Los asentamientos en sus inmediaciones suelen ser considerables. Uno de los mayores es el formado en las
cercanías del Vesubio, ya que cuenta nada menos que con tres millones de personas residentes en la ciudad de Nápoles y sus alrededores. Por eso las erupciones suelen ser ruinosas para grandes cantidades de ciudadanos, además, lógicamente, de suponer un grave riesgo para la integridad física de éstos.
El mayor desastre lo causó en el año 1815 la erupción del Tambora, en Indonesia, que se llevó por delante 50.000 vidas. Pero no hace falta llegar a esos extremos para certificar la peligrosidad de estos lances de la naturaleza.
La investigación que coordina el profesor Ibáñez arrancará en una fecha redonda: el próximo 1 de enero. Gracias a ella se someterán a control cinco volcanes: el Teide, el Vesubio, el de la isla griega de Santorini y los situados en las islas Reunión colonia francesa ubicada cerca de Madagascar y las islas Azores.
Todos ellos se van a «monitorizar». ¿Qué quiere decir eso? Pues que se colocará una gran cantidad de estaciones medidoras que calibrarán con precisión la actividad sísmica del subsuelo.
Los datos que aporte ese estudio serán valiosos para conocer mejor el comportamiento de los volcanes y prevenir posibles desastres para la población. Según explica Ibáñez, es crucial el estudio de los movimientos sísmicos, dado que éstos suministran los datos esenciales sobre las erupciones volcánicas.
A fin de cuentas, la lava saliente por el cráter no es más que la consecuencia de la furia de un terremoto vivo bajo el volcán.
El Teide volverá a la actividad
No será mañana, ni pasado. Deberán transcurrir años, seguramente décadas, pero lo cierto es que el Teide volverá a entrar en erupción tarde o temprano. Y es que la actividad en su subsuelo no ha cesado. En ese sentido, es un volcán activo. Así lo afirma el profesor de la Universidad de Granada Jesús Ibáñez, quien señala que las autoridades de la isla tienen prevista esta contingencia y han elaborado planes de actuación para cuando sea necesario, por lo que se prevé que la erupción no cogerá a nadie por sorpresa.
Al igual que el Teide, se calcula que en todo el mundo hay unos 600 volcanes ‘en marcha’, aunque su nivel de actividad es muy variable.
¿Cómo ‘funciona’ exactamente un volcán? Este fenómeno de la naturaleza no es ni más ni menos que una abertura en la corteza terrestre, por la que afloran hasta la superficie el magma que se encuentra en el subsuelo. El magma, que es el resultado de la fundición de las rocas a temperaturas elevadísimas, está ‘propulsado’ por masas gaseosas: al hallar éstas una vía de salida, brotan y forman ríos de lava. A su vez, la lava, con el gran cambio de temperatura tras la salida, se solidifica al enfriarse y así poco a poco acaba por dar forma al cono volcánico.
Cuando esa vía de escape no existe, simplemente se produce el movimiento sísmico. Es decir, y en palabras de Jesús Ibáñez: toda erupción se debe a un terremoto, pero no todos los terremotos causan erupciones.
Krakatoa
Los volcanes submarinos o aquellos que se encuentran en las cercanías del litoral pueden llegar a causar auténticos maremotos y acabar por liquidar los
núcleos de población que encuentran a su paso. Así, es famosa la impresionante explosión del Krakatoa ocurrida en el año 1883, que alcanzó a levantar olas de tamaño descomunal en el mar que provocaron a la postre la muerte de 36.000 personas y lanzaron grandes barcos de vapor tierra adentro.
Grandes erupciones
- - 1815: El Tambora, en Indonesia, entra en erupción violentamente y causa 50.000 muertes. Ha sido el más mortal de la historia.
- - 1902: La erupción del Mont Pelé, en la isla de Martinica, causa 36.000 muertos y destruye en pocos minutos el puerto de Saint Pierre.
- - 1991: El Monte Pinatubo, en Filipinas, produce la segunda mayor erupción del siglo pasado y la mayor perturbación atmosférica conocida desde la explosión del Krakatoa en 1883. Hubo mil muertos y un millón de desplazados.
- - 1500 antes de Cristo: el volcán de la isla de Santorini entra en acción desaforadamente. La leyenda dice que su acción acabó con Atlántida, la mítica isla de la felicidad.
- - El caso del Vesubio: es el volcán más mítico de Europa. En 1999 sembró la alarma tras 55 años en letargo. Pero el incidente más conocido es el de la erupción en el año 79 después de Cristo, que dejó totalmente destruida la ciudad de Pompeya y arrasó también las cercanas Herculano y Capania